1 El problema de la complacencia sin mérito. ¿De dónde viene el mérito, cuál es la responsabilidad que sí podemos asumir? La de nuestra «propia» naturaleza, «uno se vuelve quien es aunque por mucho tiempo no tenga ni idea quién es».

En Goethe notamos en sus mejores pasajes lo que a primera vista parece surreal, pero en sus mejores pasajes es el mismo. Nietzsche y Jünger son un poco alemanes, pero sobre todos son goethianos.

2 El surrealismo es relativo, esto se hace obvio en las diferencias entre especies, en las diferencias de tipo; un león o un águila no se distinguen de los centauros o las quimeras por no estar ensamblados de distintas piezas.

Es demasiado simplista, pero quizás igual acertado, el creer que en la naturaleza hay un modus in rebus, negar que un castillo puede surgir por piedras lanzadas al azar.

Pero a algo por el estilo nos lleva la diferencia entre lo bien logrado y lo surreal: las piezas del puzzle pueden encajar aunque encajen mal; este tipo de ensamblaje es el que se resiste no resistiendo el ocio.

¿Y no es esto lo que admiramos y lo que resiente de los mejores?, el que son ellos mismos y con su ejemplo nos muestran lo que nosotros siempre intuimos? Lo que estamos obligados a ser, eso se cristaliza, incluso con más vehemencia justo cuando intentamos de inhibirlo.

Ahí está la unidad: las partes vienen de un mismo lugar, de la totalidad que determina el punto; una vez que lo pensamos es una tontería que dejamos atrás la pregunta de cómo cosas distintas pueden calzar bien ensambladas todas juntas en una esfera más pequeña.

3 La totalidad tiene fuerza también en sus subconjuntos—menor fuerza—esta deja ver su naturaleza en la negación. Goethe ya casi no negaba al final de su vida, «amor fatí».

Esto nos lleva a Descartes: ¿qué distingue a lo vivo de lo muerto si los dos están ensamblados de partes?

La línea es de oro, los puntos de plata, es decir: quizás la máquina no pone en peligro a la vida, como propone Jünger, quizás más determinante en eso es el no reconocer que las partes vienen de la totalidad que determina ese punto.

De ahí que el punto no tenga partes para Da Vinci, que todo punto sea un puente, una línea; esto va bien con el hecho de que no conviene dividir el mundo en dos.

4 ¿Pero acaso está mal interpretada la noción de entropía?, cómo puede en su conjunto estar aumentando el caos pero seguir siendo posible dentro del conjunto formar? ¿No tiene tanto derecho la formación como la deformación? ¿Qué nos dice que que la capacidad de la naturaleza de restaurarse a sí misma es en el conjunto algo de menor rango, algo que siempre pierde?

No es acaso esto una confesión de los límites de la física como la conocemos hasta ahora, y en especial de la mayoría de los físicos. «La tontería es constante», le aporta al genio consistencia, «quienes cazan son menos en número que los que cocinan».

“Las leyes que aquí rigen son las de la balanza; basta un puñado de tipos superiores. Ingenieros, en cambio, nunca tendremos bastantes.”

5 El valor natural de cambiar después de opinión, viene dado más por la necesidad en nosotros de no poder variar, que en otros usos, y eso es sano, «eso es arte en arte»; si así lo quiere la naturaleza, que así sea, no por esto deja de tener valor la responsabilidad.

6 Tanto Jesús como Einstein nos acercaron al significado de lo local, Jesús mediante la cruz—esta llega mucho más lejos de lo que se pensaba antes, es también una buena ecuación.

«Representamos las posibilidades que nos fueron otorgadas, pero no las ejecutamos; la existencia no solo como complemento sino como función».

7 Una forma de ver esa capacidad y porción central de nuestra naturaleza, es con la fuerza de «cruzar» nuestra naturaleza, cosa presente en el león y en el águila tanto como en la figura humana. Quizás no hay libre albedrío que sea cruzar.

Pero también esa fuerza la vemos como exageración, en el surrealismo. Da la impresión de que el arte y la religión se adelantan a la técnica.

Cruzar nuestra naturaleza es un tema de integridad, acércate a lo no familiar a través de lo familiar, las dimensiones espirituales van mucho más «allá y acá» de nuestra naturaleza—van hacia ella, incluso hacia la totalidad que la determina; que la podamos cruzar es algo que se acerca al libre albedrío.

Referencias

  1. Ernst Jünger — Máximas y mínimas a El Trabajador.

    Las leyes que aquí rigen son las de la balanza; basta un puñado de tipos superiores. Ingenieros, en cambio, nunca tendremos bastantes.