Sobre el valor de la transparencia
1 En la lectura de obras de arte que se acercan a lo perfecto, experimentamos sensaciones de las que nos decimos algo así: “eso me falta, debería ver así la realidad, esta tendría que ser parte de mi experiencia, debería complementar mi experiencia con esto”.
2 «Todo nuestro conocimiento se basa en sensaciones»1, y las conocemos mediante su figuración.
3 ¿Podemos decir que las conocemos «con-ciencia»? Esas sensaciones parecen ser discretas, tener un troquelado—pero por dentro parecen ser continuas, un monotono.
4 Pero entonces qué ganamos con figurárnoslas, ¿algo para la memoria?, ¿la conciencia es solo un muro de piedra con el que concebimos? La pregunta es si las imágenes, las interferencias que vemos en el muro…
5 Quizás sería mejor decir: «Todo nuestro conocimiento se basa en sensaciones», y las conocemos concibiéndolas. ¿Sería mejor agregar al final: concibiéndolas con un muro de piedra, con la tierra, con un receptor, con un panel de detección?
6 Quizás la «concepción» sigue siendo un concepto que mira demasiado las cosas “desde afuera”, ve el Samurai en el muro de piedra2, el resultado, pero no el proceso (si es que hay un proceso). Es un concepto demasiado inmaculado, que aparece de la nada y parece por esto repetir la pregunta.
7 Leyendo An der Zeitmauer. El profeta se siente él mismo como un pájaro de la peste. El rechazo a lo nuevo se extiende como una radiación convencida de que hay errores por todos lados, y solo con el tiempo se cura de este error.
Por otro lado, quien le agarró en este sentido el gusto a «vivir peligrosamente», no puede ofrecer otra cosa de la que «poder» estar satisfecho—ni estarlo con las obviedades de quienes no adquirieron todavía «el gusto por bailar en el fuego»3. Incluso el arte puede ser un recinto demasiado poco peligroso para el autor.
8 ¿Qué dice de algo que funcione tanto en el ir como en el venir, de un lado como del otro, qué dice el rendezvous?
9 La «concepción» es una mirada global de un proceso, ya implica dos partes. Pero el cuadro surrealista que concebimos con las nubes o con un muro de piedra, no viene de las nubes o del muro, viene de nosotros, el muro hace de estructura de emplazamiento, de asidero, de tierra virgen.
10 Es interesante que una vez concebido en un muro determinado ese cuadro surrealista, no podemos volver a mirar ese muro sin ver ese cuadro: su recuerdo es inevitable.
11 Para poder concebir otro cuadro se necesita tierra virgen, el muro anterior está ocupado con el cuadro anterior.
12 No es poco de todos modos lo que aporta el muro: las formas de las piedras, sus relieves y hendiduras, los diferentes tonos de ocre, las sombras y claros que produce la luz sobre las piedras, todo eso es determinante de la obra de arte.
Incluso es el material lo que determina su duración: no dura lo mismo lo concebido con las nubes que lo concebido con el muro.
La invariancia de la obra de arte no depende solo del material de la estructura de emplazamiento, también de nuestra perspectiva: si por ejemplo nos acercamos mucho al muro vemos otras características de la piedra y el cuadro puede deformarse o desaparecer, se pierde ahí la ilusión.
13 Claro que este cuadro no lo pintamos todavía, solo nosotros lo podemos ver. Si le diéramos una foto del muro probablemente otros no lo podrían ver, vería solo un muro, o lo que con él concibieran. En esto vemos algo que hace posible la pintura, algo de su valor, tanto como el de la escritura.
14 En la obra de arte podemos mostrarle a otros concepciones que de lo contrario solo nosotros podemos ver con facilidad.
15 Sobre la duración del Samurai en el muro de piedra, más allá de los materiales. Cuando vemos de frente un cuadro dinámico, constituido de dos imágenes, cada una al 50% de transparencia, y su movimiento consiste en alternar la posición superior atravesándose uno al otro, no notamos variación, el sistema parece estático.
16 Sobre la transparencia y la trascendencia. ¿Algo por el estilo ocurre de nuestro lado (observador), cuando seguimos viendo, años después, el Samurai en ese muro de piedra?, aunque el agua de nuestro ser haya seguido corriendo, algo en nosotros que necesita no solo la intemporalidad (invariancia), sino el cambio de muro, tierra virgen para «poder» seguir concibiendo?
17 ¿Es posible atribuirle esto a que no hayamos cambiado?: necesitamos tierra virgen porque no cambiamos o porque nuestra naturaleza dinámica está constituida por la transparencia de sus constituyentes?: estas dos cosas no son opuestas: dinámica invariante no es una contradicción, esto es lo que sigue encontrando la física cuántica, un espectro, un fantasma.
18 La oposición de discreto y continuo es una falsa oposición?, en todo caso carece de transparencia?
Referencias
- Leonardo Da Vinci — Pasados los setenta, Diario V (1991 -1996)
- Nicolás — El samurái en el muro de piedra
El samurái en el muro de piedra es un cuadro surreal que imaginé en casa con un muro de piedra. En él se ve al samurái acompañado de su séquito —un lagarto con cola de zorro, un busto griego y un oso con alas de pollo desplumadas— y a su antagonista, un policía con casco y visera, de esos que reprimen en la calle. Esta ocurrencia es la misma que tenemos cuando miramos las nubes y nos imaginamos con ellas una tortuga o una cara. La ventaja de la piedra es que no cambia, y con ella y en ella perdura también el cuadro. Lo vengo usando para estudiar la morfología de nuestra relación con la realidad, el lugar que ocupa la estructura de emplazamiento en esta, la revelación, la exposición y la concepción, y sobre todo para buscar a lo Goethe: «lo universal en lo particular».
- Ernst Jünger — Máximas y mínimas a El Trabajador
