1 Tenemos experiencias cuya interpretación no garantiza que sean verdaderas, y «sin embargo» tienen que ser verdaderas «en cierta medida» porque las tenemos. Esto me parece a mí una superposición cuántica in actum.
El descartar la superposición como experiencia humana, por ejemplo como base de gran parte del pensamiento (y de cuando pensamos mejor), en base a la poca conciencia que tienen de ellos mismos la mayor parte de las personas (incluyendo los físicos) me parece una tontería.
Cualquier persona que haya desarrollado en cierta medida la habilidad «de atraparse a sí mismo teniendo una experiencia» (si no me equivoco esto es muy raro, improbable) no tiene duda de que el pensamiento es cuántico.
Hay que tener muy poca conciencia de uno mismo (estar habituado a muy poca profundidad), para llegar a pensar que pensamos en palabras. De hecho, de ahí brota, en parte, la dificultad de conocerse más a uno mismo, y también las contraindicaciones y los problemas que aparecen por lograrlo.
2 Un ejemplo de lo poco que conocen al observador los físicos, lo notamos en «cuánto» repiten que la contigüidad no garantiza causalidad, y lo poco que uno los escucha decir que hay «errores geniales» que los precisamos por contigüidad.
3 Luego de un descubrimiento, como el de la teoría de la relatividad, son valiosos los cocineros que preparan de distintas maneras esa pieza cazada (la mayor parte de los físicos cocinan mucho mejor de lo que cazan). De esta manera extraen el valor que había en esa parcela que otro cazó para que ellos le extraigan el oro.
Pero luego llega una etapa (la nuestra) en la que los cocineros comienzan a ofuscar los nuevos descubrimientos si siguen insistiendo en preparar minas ya vacías y en seguir derribando puertas abiertas.
Como vio bien Nietzsche, las instituciones, como la teoría de la relatividad, son valiosas mientras se está peleando por ellas. Pero una vez que su valor ya fue extraído y repartido, los cocineros que quedan dentro de ellas se vuelven niveladores. Lo que antes empoderaba era pelear por el valor de esa institución, pero una vez que queda vacía, esos mismos cocineros se transforman en opresores de la libertad, ya que ahora no están al servicio de algo liberador, sino al servicio de algo liberado.
4 Quien es libre es un cazador, no cocinero. Los dos tienen que complementarse, pero el cazador es quien delimita la parcela en busca de oro, no el cocinero.
